Los textos técnicos y las traducciones

Un texto técnico no es igual que el texto de una novela. Te voy a explicar aquí las razones y el por qué de esto.

Acabando de terminar de revisar varios textos técnicos traducidos en esta ocasión me gustaría compartir en este artículo algunas reflexiones que se  me ocurren en este momento.

En general, los no traductores suelen creer que la traducción es una transposición del texto de una lengua a otra, para que la otra persona entienda. No importa si la traducción no es fiel al original, si el estilo es diferente, si se han resumido algunas partes en lugar de traducirlas, entre otras cosas.
A veces, por desgracia, también se pueden encontrar prejuicios de este tipo entre traductores, redactores, correctores de textos, entre otros profesionales.
Si en algunos textos la libertad del traductor en cuanto a vocabulario y estilo es mayor, en los textos técnicos desaparece por completo, sin perjuicio de la necesidad de producir un texto legible y comprensible para los destinatarios.
En un texto técnico -normas, patentes, manuales, fichas de seguridad- la elección de los términos es fundamental. Utilizar un sinónimo o un significado diferente de un término puede ser una fuente de errores. Si el original repite cien veces el mismo término, el traductor escribirá cien veces la traducción de ese mismo término. No es un sinónimo, para que el texto sea más legible. Una norma técnica no es un bestseller. Es aburrido leerlo, pero hay que escribirlo de una manera determinada.
Lo mismo ocurre con el estilo. El estilo es impersonal, generalmente -me refiero a normas, instrucciones, manuales- con verbos en infinitivo y a menudo frases cortas y lineales. ¿Por qué cambiar el estilo con oraciones subordinadas, oraciones largas, diferentes disposiciones de verbos y complementos? Una vez más, no se supone que el lector se divierta, sino que aprenda a realizar una determinada acción o serie de acciones.

A menudo lo malo es que el significado no cambia. De todos modos, los términos utilizados son en cierto modo correctos. Los conceptos básicos se han transmitido de todos modos. Pero no es lo mismo, no es el mismo texto.
La traducción, especialmente la técnica, no es una forma de escritura creativa.

Si el traductor no tiene claro el tipo de texto que tiene delante, su finalidad y el público al que va dirigido, ha perdido gran parte de su tarea.
Desgraciadamente, los no especialistas a menudo no se dan cuenta o no les importa. Sin embargo, estas elecciones de estilo pueden causar graves daños.
Pensemos por un momento en una patente. Cada palabra debe estar bien pensada o el objeto y el ámbito de protección del documento cambiarán.
Por desgracia, los errores aparentemente triviales suelen generar una desastrosa reacción en cadena. Que causan o podrían causar graves consecuencias para un proyecto o para una empresa que ha tardado años en construir un reconocimiento y prestigio.

Por eso, lo mejor es confiar siempre en un profesional, que no sólo conoce la terminología específica, sino que también reconoce el estilo del texto y sabe cómo adecuarlo al lector al que va dirigido.

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